Mientras el cielo se oscurece para derramar las gotas de lluvia primaverales, mi cuerpo se libera y se siente simple. He dejado de lado el peso de la enfermedad. Me siento liviana y mi alma machi me recuerda que estoy viva. Siento el poder de la tierra y la Pachamama subiendo dentro de mí hacia afuera. Mis chakras se liberan, se sienten abiertos. Cada vez más abiertos, fluyendo en ritmos que cambian según la energía que respiro y que entra en él. Cada vez más liberada de un peso invisible que está en mi mente. Enfermedad no es sólo lo que se sufre, sino también lo que se piensa y mi aparato respiratorio se libera, se siente cada vez más agradable, más terso, más ligado a la tierra y el aire que entra en él. Imágenes verdes y azules se cruzan por mí, rayos verdes y azules cruzan mi cuerpo y mi adn para llevarme a la liberación. Y me siento bien. E inspiro, luego expiro y siento que todo se vuelve normal. Que todo está dentro de mí en su justo equilibrio. La vida me acompaña con cada suspiro que emito desde mi cuerpo. Tengo conciencia de él. Lo siento. Firme, potente, ligado a las 28 diosas que me acompañan todos los días. Donde quiera que vaya. Totalmente agradecida. Limpia. Agradecida. Y no olvidar, que cada una es Diosa de sí misma. Diosa entera, diosa por dentro y por fuera. Diosa poderosa y autocreyente. Diosa. No bruja. Machi, no bruja. Machi que vuela por los aires con la fuerza de la mente, para impregnarse de todo lo que rodea, para cambiar todo lo que toca, inclusive su propio cuerpo. Su propia esencia. Su propio navegar y volar y caminar. Sus propios poderes, su propia sanación, con una perfecta forma geómetrica sagrada saliendo del cuerpo, para volver a entrar en él en un ritmo respiratorio perfecto. Todos somos perfectos. Sólo tenemos que darnos cuenta de ello. Todo es perfecto. Sólo tenemos que adecuarnos a ello. Y dejar que fluya. Así, todo lo imperfecto se va. Y somos perfectos. Siempre. Tan perfectos como lo es que en este momento ocupamos un lugar en la tierra, en un contexto temporal y una coalición divina de tiempos y espacios.
28.10.10
25.10.10
El cielo
Entre tu cuerpo y el silencio hay un vacío que se llena con mi luz...una luz perversamente invisible...
Verde
Entre un color y otro, entre medio está el verde y el sol.
Ahí, en el verde, un pequeño elíxir invisible.
Y un manto amarillo lo cubre todo...
Desde el cielo hasta lo más profundo de la tierra...
23.10.10
Tu nombre en el infinito
Somos parte de un plan perfecto. Un plan que nos unió, nos separa y nos volverá a unir. Agradezco estar feliz por haber estado contigo ayer. Porque sé que hay algo, que no se puede explicar científicamente, que nos une. Se acerca la fecha en que nos separaremos. Y ya no habrá más sexo, ni conversaciones, ni cosas locas. Ya no habrá juntas para recordar los momentos que pasaron hace mil años, pero que vienen a nuestra mente una y otra vez. Los recuerdos. La alegría de los recuerdos. Las cosas que pasaron. Las cosas que sucedieron alrededor nuestro cuando nos juntábamos. Los primeros orgasmos, las primeras citas. El "quiero darme una ducha contigo", el "te regalo mis ojos, son tuyos", el "voy a ser papá"y tantas otras...estás en mi memoria y lo estarás siempre. Formas parte de la colección de mis recuerdos. Te conectas a mí y yo me conecto a tí. Nos unimos en cuerpo y alma. Ayer, dentro de todo, lo mejor fue que nos quedamos en silencio. Y dormimos profundamente. Me sentí conectada a tí. En todo sentido. Me sentí tuya. A pesar de todo. Dueña de tí y tú dueño de mí. En silencio, sin palabras, tocando tus mejillas y tu nariz con mi nariz. Todo tan simple y complejo a la vez. Y siempre estaré acá. Aunque me case. Y si vuelves con tus maletas para formar parte de mi mundo renunciaré a todo y me quedaré contigo. Porque siempre he querido que sea así. Porque siempre tu nombre estará en mi infinito. En el infinito.
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