Hace unos días escribí una carta. Una carta con la tinta de la pena saliendo de mis ojos. Una tinta de despedida, pero no un adiós. He pensado bastante en lo que escribí. No me arrepiento de haberlo hecho. Era necesario. Espero que la hayas leído. Anónimamente, entre las sombras, de la misma manera en que nos poseímos muchas veces. Incontables veces, innumerables veces, de todas las formas. Ahora, a la distancia, siento que estás conmigo. De alguna manera, te manifiestas en mi alma. Es algo que no tiene explicación natural posible. Tiene que ver con la capacidad de reencontrarse con uno mismo. De seguir el camino. Sé que esos caminos se cruzarán, tengo la certeza absoluta de que así es. El tiempo nos separaba y el tiempo nos volverá a juntar. Con amor.
24.12.09
23.12.09
20.12.09
El otro
También es importante aunque no lo sepa. Basta su presencia cercana para sentir su alma. El no lo ve, pero yo sí. Con fuerza. Una energía blanca que lo rodea. Y yo, al lado, sin decir una palabra. Un volcán en erupción, toda una explosión de calor. Y el cielo, las estrellas y los antepasados, se hicieron presentes ahí. De un sólo suspiro.
Al fin
Todo tiene una posición perfecta en mi puzzle. Todo lo que sucede. Ya sea por caos o azar o memoria. Y cada uno tiene su puzzle perfectamente armado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)