27.7.09
Números primos
25.7.09
f r a g i l
17.7.09
Recuerdos
Ayer leí, por milésima vez, el libro Sobredosis de Fuguet. Antes, unos minutos antes, cuando encontré el libro sobre el baúl de mi pieza aparecieron unas flores amarillas resecas entre sus páginas. Y de golpe, se me vino a la cabeza el verano, un lugar cerca de la cordillera. Mi auto, yo en la parte trasera muerta de sueño, tus manos y un par de bellas y pequeñas flores que me entregaste cuando estábamos prontos a regresar a Santiago. Me fui durmiendo con las flores entre mis dedos y la cabeza apoyada en un enorme bolso que no era mío.
La grasa rota
Yo no quería. Yo nunca quise. Nunca deseé eso para mí. Nunca pensé en dejar tantas cosas de lado por algo que quizás no vale la pena. No importa. Yo lo adoraba y por eso me encerré aquí, con él, dejándome estar. Ahora siento mi estómago muerto, deshecho, sin que sea capaz de resistir unos pocos gramos de comida. Estoy envuelta en una bata mandada a hacer, que ya no me caben las que venden en las tiendas, unas pantuflas aplastadas y deformes por el peso de mis pies. Y al lado, a pesar de todo, él sigue ahí. No me ha abandonado. Ni siquiera después de la cirugía. El está ahí abierto, esperándome, entregadamente dulce y un poco frío a la vez. Lo siento doctor, pese a todas las instrucciones que me ha dado no dejaré mi helado cookies and cream.