Ella: Anoche, cuando apagué la luz ví tu sombra en la oscuridad.
El: ¿Y cómo sucedió eso?
Ella: Un efecto visual creo, provocado por una discreta línea de luz que se metía por la cortina.
El: ¿Y qué hiciste?
Ella: Me levanté y fui hacia tu visión.
El: Tienes bastante imaginación. Una imaginación sórdida, creo.
Ella: No lo pude evitar, simplemente ví tu sombra.
El: Quizás tiene que ver con el hecho que no puedes sacarme de tu mente.
Ella: No ví el sillón, ni la mesa de tocador, ni los cuadros de las paredes. Te ví a tí.
El: A veces también te he visto.
Ella: ¿Dónde?
El: Me sucede de manera extraña. Camino por las calles, en la hora de mayor tránsito, me mezclo entre la multitud, camino a gran velocidad y te haces presente ahí.
Ella: ¿Y después?
El: Desapareces.
Ella: ¿No me buscas?
El: Sigo caminando, a veces doy vuelta la cabeza, pero no estás. Era mi imaginación.
Ella: Anoche también era mi imaginación. Una estúpida imaginación, algo que no tenía sentido. Tú estabas al otro lado de la ciudad, durmiendo plácidamente en tu cama o tomando cerveza con los amigos o bailando con alguien en algún lugar que no conozco.
El: Junta tus labios. Mírame. ¿Es eso lo que sucede?
Ella: Sí.
El: A mí me pasa lo mismo.
Ella: La puerta está abierta y puede cerrarse en cualquier momento.
El: Anoche no estaba en ninguna parte. Estaba en mi cama durmiendo plácidamente.
Ella: Lo sabía.
El: Es eso, es lo inconmensurable de las cosas.
Ella: El insomnio.
El: Sí, el insomnio. El silencio, las dudas.
Ella: Lo inconmensurable de las cosas.
El: Eso que no tiene medida.
Ella: Ni peso, ni forma, ni textura, ni tacto.
El: Es eso. Una simple visión nocturna.
Ella: No estaba dormida, tenía insomnio.
El: Yo dormía plácidamente. En silencio.
Ella: Yo te llamaba.
El: Soñé contigo antes de despertar.
13.6.09
12.6.09
Ciclo
Nuestros encuentros y desencuentros son un laberinto. Sólo falta el Minotauro que nos enfrente cara a cara. A veces tenemos miedo, pero otras nos encontramos. Cuando nos miremos a los ojos en silencio vamos a encontrar la salida.
Dioses del eterno retorno
Todos caminan en círculo bajo la atenta vigilancia de la campana invisible que en cualquier momento suena y todos paran para saber qué les depara el destino. Algunos tendrán que enfrentarse a sus demonios, otros superar los traumas de la infancia, los más dejar atrás vicios y pecados, el resto dejar las ensoñaciones, unos quemar los recuerdos y las falsas ilusiones. Los menos crédulos simplemente caen en un pozo profundo negro y sin fondo. Se tienen que dejar caer. Luego la campana vuelve a sonar y todos continúan caminando sin saber qué hacer, sólo dejándose llevar por pasos de ciego, tanteando el no paraíso, el no lugar, el no destino. Piensan que están muertos en vida, pero están más vivos que todos juntos. A todos nos pasa lo mismo. A mí me pasa en sueños. A veces sueño despierta y me sigue sucediendo. Todo pende de un hilo, que es tan grueso como una cuerda, pero a veces no lo podemos ver. Tiene que ver con la conciencia, con la falta de realidad absorbida en el cerebro. Con la consistencia del piso que se pisa. Con la consistencia con que los pies se afirman en el suelo. Con todo lo que se puede mover y remover una y otra vez sin parar. Tiene que ver contigo y tiene que ver conmigo. Tiene que ver con cuánto pesa tu alma, cuánto tiene de consistente o de inconsistente. Cuánto tiene de ella y cuánto tiene de tí. Todos somos dioses del eterno retorno. La elipse del ADN puede marear. Es una escalera interminable que está dentro de nosotros. Es la idea. No tenemos fin. Somos finitos dentro de nosotros, pero fuera, podemos llegar al cielo, a las ideas, al sol, a no quemarnos, a ser inmortales, a pasar por fuera de la vida de todos y de nuestra propia vida.
8.6.09
Aviso clasificado
No sirve de nada colocar un aviso en el diario para encontrar un hombre ideal.
Es lo mismo que conocerlo en un bar.
Sabes lo que quieres.
No sabes si lo vas a encontrar.
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