Pregúntenme lo que quieran, les diré lo que va a suceder. Lamentablemente o favorablemente, nunca me equivoco. Y si me equivoco es porque me desconcentré. Todo tiene que ver con mentalizarse. En serio, pregúntenme lo que quieran, incluso a veces puedo adivinar cosas de gente que hace tiempo no veo.
1.3.09
Extasis profundo
Arcoiris de colores fluo.
Una taza de té verde con LSD disuelto.
Un pedazo de ventana que te hace ver el universo de cabeza.
Yo desnuda, detrás de una pared de algodón, escapándome de un príncipe que está disfrazado de ogro y sueña con violarme. Lo puede hacer, pero mi cara es de una perra, por eso es que me tiene miedo y cuando me ve trata de arrancar y no puede, porque sus zapatos se quedaron pegados en una alfombra de chicle que me costó cinco años en fabricar y no sé cuantos dentynes, dos en uno, mitismitis y otros. El no se quiso despegar, porque los chicles tocaban música, por eso, cuando su enorme cuerpo se desarmó en la alfombra, su piel se fue quedando pegada, casi deshaciéndose de su contextura, para transformarlo en una masa asquerosa, mezcla de células, músculos, nervios, baba y chicles descompuestos. Yo volví a mi cara de princesa, y él se quedó atrapado sin poder salir y con su cara de ogro para siempre.
Mi ventana ahora muestra un atardecer de color rosado.
Mi taza de té verde está vacío y mi habitación está igual que siempre.
Ya no hay arcoiris, pero no sé de adonde, me nace una alegría de verdad.
El Milagrero
No sé si tendría forma, quizás no es una persona. Tampoco un personaje. Diría, más que nada, que es luz. Pura luz. Bueno, quizás la luz es la forma en que veo a Dios sobre mí, como alguien/algo que forma parte de mi vida de manera directa o indirecta. Por eso quizás no es un milagrero, sino alguien que hace que lo uno quiera tome camino o forma en su vida. Porque todos nos merecemos ser felices, todos sin excepción. Y yo más que nunca quiero ser feliz. Más que nunca prendo velas, rezo, me levanto en la mañana y agradezco por todo lo que tengo, igual que en la noche, habiendo luna o no, miro al techo y agradezco al cielo por todo lo que recibo y lo que estoy recibiendo. Nada de futuro, todo es el presente. Estoy conciente que estoy dentro de un ciclo que se mueve y evoluciona. Dios sabe las ganas que tengo de besar a alguien en este momento, de besar lentamente, casi sin tocar los labios, o tocándolos apenas. Y después de sentir los latidos de sus labios, presionar un poquito más para sentirlo todo. Siempre me ha gustado sentir, me ha gustado la intensidad de la piel, del cuerpo, de los sentidos, de los olores. Siempre me ha gustado eso, y cuando viene de alguien que tiene nombre y apeliido, mejor todavía.
Creo que él lo sabe, o sea lo sabe y sabe lo que tiene que hacer. Yo doy señales sutiles, pero son señales lo suficientemente fuertes para recibir una respuesta del otro lado. Me encantaría recibir una respuesta, pero creo que todo tiene una manera de suceder, y a veces esa manera puede ser más lenta o más rápida. En este caso todo sucede en cámara lenta aunque yo me imagino que sucede en un tren de alta velocidad, o en un juego de fantasilandia a todo ritmo o en una calle como la Kennedy con miles de autos que pasan unos tras otros y yo me acuerdo de cuando era chica, de cuando iba en un auto y me imaginaba que esos autos, los otros y el mío también, eran empujados por un gigante que yo no veía, porque se escondía cuando me daba vuelta a mirarlo.
Eso es lo que me pasa, entonces, que las cosas sucedan, no importa el ritmo. Sé que él es un poco posesivo con la gente que quiere, que es bastante celoso y lo manifiesta y que además, aunque procure que no se le note, es más tímido de lo que parece y da lo mismo, también he notado que le gusta ser amigo de la gente con la que se involucra. Yo siempre he aceptado a todos mis novios o amigovios tal como son, porque yo nunca he cambiado mi forma de ser, sigo siendo como siempre soy. Natural y espontánea, como me dijo un amigo por ahí. Y así he sido siempre.
Por eso, que la luz no se apague y que él siga en mi camino, hasta que la vida nos junte aún más. Como decían en una cuestión religiosa de mi colegio: uno busca lleno de esperanza. Yo no busco, pero la esperanza la tengo en mí.
Cerebro cerrado
No me salían palabras, ni textos, ni pensamientos, nada de inspiración. Tengo a alguien que me inspira a escribir y por más que hay emociones que han cruzado mi cerebro eso no me daba para mover las teclas. Ahora de a poco aumenta la velocidad de mis manos, porque mi cabeza empieza a imaginar. Y veo muchas cosas, la mayoría relacionadas contigo, con tus gestos, tu sonrisa, unas bromas que picotean por acá y por allá. ¿Sería peligroso? me da lo mismo, siempre me han gustado los riesgos. Siempre.
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