9.12.08

Crema en la cama

No tienes que ver nada. Tienes que permanecer de espaldas hasta que te diga que puedes verme. No hagas trampa, tienes que quedarte quieto hasta que te diga que puedes verme. ¡No me mires! Te dije que no me miraras. Ya, así está bien. Quédate callado y tranquilo. ¿Qué cosa? No, no tiene nada que ver contigo. O sea, es algo que voy a hacer para tí y no quiero que veas el proceso ni como lo hago. Es simple, es más sencillo de lo que parece. Tienes que esperar. ¿Cómo?, esperar no es nada malo, sólo tienes que encontrar la calma en la vida. Quedarte tranquilo, en silencio. Nada más y por favor, vuelve la cabeza contra la pared.
Ya, ahora date vuelta. Ahora sí. ¿Porqué me miras así?, bueno, eso es lo que quiero que hagas. Asì estoy ahora y tú sabes lo que tienes que hacer. Con cuidado si pues, obvio, tú sabes cómo hacerlo. ¡No!, eso no. No me gusta. Tú sabes que no me gusta. ¿Qué cosa? , ¿cómo que nada?, ah, quieres que me calle. Bueno, me quedaré en silencio.

8.12.08

El hilo rojo

Amarrado a la puerta en la manilla de bronce, seguía por dentro de la oscuridad para amarrar los pies de ella y de la otra ella, la madre y la hija, que estaban unidas por los pies, por lo que donde estaba una, la otra la acompañaba a la fuerza, a la fuerza de la costumbre, a la fuerza de la intemperie, a la fuerza de los no sentidos-no hablados-no dichos. Y ellas se quedaban ahí, solas, mudas, haciendo lo que tenían que hacer, cada una en su mundo propio, en su mundo cerrado, en su fiesta de orgullo y soledad. Hasta que un día el hilo rojo se cortó, y la oscuridad dio paso a la luz de los sueños no cuerdos que se unen en la mente de las dos ellas, quienes salieron, se dieron cuenta de su falso encierro. Dentro de la casa, una maraña de hilo rojo esparcido por todas las habitaciones de un lugar que, ahora, estaba vacío.

4.12.08

Decires

Una calla vacía. No una calle, una calla vacía. Una, o sea, uno, como persona. Yo me callo cuando no tengo nada que decir. Cuando me he vaciado. Y ese vacío es porque el silencio no dice nada. Insisto, el silencio no dice nada. Nada por dentro, nada por fuera. Tengo mi boca cerrada. Mi melena cortada, mis ojos cerrados. Tengo mis piernas cruzadas, mis brazos extendidos a lo largo de mi torso. Y estoy en silencio. No me digan nada, porque no diré nada. Me gusta estar en silencio. Una vez estuve toda una tarde sin hablar. Cuando dormí, soñé en voz alta. Siempre sueño en voz alta. Quizás por eso de repente me gustan tanto los silencios.

1.12.08

Diet

Odio lo que implica regular la alimentación. Para mí comer puede pasar de ser uno de los grandes placeres de la vida a un aborrecimiento interno. El aborrecimiento interno de un asco externo. Si pudiera dejar de comer lo haría instantáneamente, y si tuviera que atiborrarme de comida, obviamente que también lo haría. Alguien dijo que comer debiera ser un acto privado, en el que la mesa para compartir no existiera, sino que simplemente la gente consumiera sus alimentos en cubículos, sin conversar con nadie. A ese alguien le daba asco comer en público, porque el hecho de mascar, devorar, engullir, saborear, muestra los instintos animales más básicos expuestos ante todos. Dientes, lengua, boca, son partes privadas para ese alguien.
Alguna vez leí sobre un tipo que tenía un trastorno obsesivo compulsivo que solía comer una manzana en una hora, pues cada mordisco y el correspondiente proceso bucal duraba un minuto. Siempre acababa de comérsela en ese tiempo, aunque si se demoraba, la botaba tal cual habìa quedado a los 60 exactos minutos.
Una vez dejé de comer paulatinamente. Boté la comida a la basura. Me intoxiqué con Coca Cola Light. Botaba la leche en una planta del comedor. Pasado un tiempo, comencè a hacer todo lo contrario. Una vez hasta me dormí con un pan en la cama.