3.10.08

...

Pedro agachaba la vista y fijaba sus ojos en el libro que estuviera leyendo aunque no hiciera nada. Siempre hacía eso cuando alguien decía algo que lo provocaba, pero de lo que no quería mostrar evidencia. Y fijaba sus ojos de tal manera, que cuando alguien lo miraba, era como para decir que estaba concentradísimo, cuando en realidad lo que quería era que todos se fueran, que todos desaparecieran de un soplo, que lo dejaran solo para ver la televisión en calzoncillos o leer una larga historia que recién estaba comenzando.
Una vez ví a Pedro hacer eso delante mío. Lo hizo sin disimular y eso que yo no fui a buscarlo a él, sino otra cosa. Lo ví y lo sentí incómodo delante de mí, y eso que estaba tan sólo a un metro de distancia. Me quise despedir de él de nuevo, pero no, agarré mi chaqueta de cuero y me fui.
Ni siquiera volteé la cabeza para mirarlo.

2.10.08

Cortar por lo sano

Abrí el refrigerador y saqué una manzana. Estaba fría. La dí vuelta para darle una mordida. No la lavé, la froté contra mis pantalones, enterré mis dientes y mientras su pulpa se deshacía en mi boca, me dio asco y la boté al piso. Ni siquiera al basurero, al piso. Tomé un pedazo de toalla nova, envolví lo escupido y lo eliminé con los desechos. Con algunas personas se debería hacer lo mismo. Cortar por lo sano.

Yo no soy dulce

Ayer caminaba por el centro con un kojak en mi boca.
Lo saboreaba, le extirpaba el sabor.
En el centro, un chicle con sabor a crema.
Los tipos me miraban como si estuviera haciendo otra cosa.
La mayoría de los tipos que se me cruzaron mientras llegaba a mi destino.
Yo sólo lamía un dulce. Si tuviera cinco años no me mirarían de esa forma.
Quizás algunos sí.
Creo que el impacto habría sido mayor con una minifalda.
Sólo disfrutaba un dulce.
Yo no soy dulce con cualquiera.
Pretendo serlo, pero sólo me resulta a veces.

De todas formas

Estoy con una Red Bull a las 13 horas de hoy, día de semana, mientras hago hora para almorzar. Digo hacer hora, porque sé que hay que volver a la oficina a seguir "produciendo". El computador me agota y mis manos ya se derriten en el teclado. Quiero que sea el fin de la jornada laboral para salir corriendo. Ahora, soy una autómata y hago lo que me piden porque tengo que hacerlo, porque así son las cosas. A veces me dan ganas de ser mi propio jefe y dejar que la bolsa juegue con el dinero de la empresa y que los brokers se encarguen de que este dinero suba y que eso no dependa en absoluto de mí, más que la decisión de despedirlos o felicitarlos con un bono.
¿Y si todos dejáramos de trabajar?