El libro que estoy leyendo en estos días. De Yukio Mishima. Al comienzo leerlo era como tragar chicle mezclado con queque, una mezcla insoportable para mi garganta, pero de a poco se lee de agraz a más dulce. Y me convenzo que es un grande, alguien que está demasiado cagado de la cabeza, pero al mismo tiempo un tipo inteligente y sensible. ¿Alguien puede excitarse con flechas, heridas, vientres abiertos y tortura? A él le marcó la imagen de San Sebastián, cuando la vio en un libro prohibido que su padre guardaba en un mueble de la casa. Para que no viera mujeres desnudas, cuando a él le interesaban los hombres. Creo que su visión de la vida, que duró poco ya que se suicidó, tiene que ver con la incapacidad de lograr los sueños en una sociedad tan rígida como la nipona de los harakiris y kamikazes. Espero terminar de leerlo, no creo que me demore tanto o que lo deje tirado como los libros de José Donoso, que siempre se me han hecho insoportables.24.3.08
Confesiones de una máscara
El libro que estoy leyendo en estos días. De Yukio Mishima. Al comienzo leerlo era como tragar chicle mezclado con queque, una mezcla insoportable para mi garganta, pero de a poco se lee de agraz a más dulce. Y me convenzo que es un grande, alguien que está demasiado cagado de la cabeza, pero al mismo tiempo un tipo inteligente y sensible. ¿Alguien puede excitarse con flechas, heridas, vientres abiertos y tortura? A él le marcó la imagen de San Sebastián, cuando la vio en un libro prohibido que su padre guardaba en un mueble de la casa. Para que no viera mujeres desnudas, cuando a él le interesaban los hombres. Creo que su visión de la vida, que duró poco ya que se suicidó, tiene que ver con la incapacidad de lograr los sueños en una sociedad tan rígida como la nipona de los harakiris y kamikazes. Espero terminar de leerlo, no creo que me demore tanto o que lo deje tirado como los libros de José Donoso, que siempre se me han hecho insoportables.Fosforescente
Los zapatos se dejaban debajo de la cama una vez que te acostaban a dormir. Te sacaban la camisa de fuerza y te metían debajo de las sábanas, que además traía una gruesa frazada de invierno que estaba aunque fuera verano, y te tapaban hasta arriba para que no te dieran ganas de levantarte. Y de verdad no te daban ganas de ir al baño. Te aguantabas hasta el otro día y para quedarte dormido pensabas que las enormes sombras de los árboles que rodeaban la casa no eran monstruos, sino caballeros gigantes que te cuidaban y te protegían.
Pero era inevitable despertar. Se escuchaban pasos pesados que avanzaban por el pasillo principal. A tientas, muy despacio, con el roce de una tela pesada por el piso de madera. Algo decían esas voces, algo murmuraban ellas, que te hacían meter automáticamente la cabeza por debajo de las tapas para ver lo que sucedía. Y eso, lo que pasaba a continuación, era que la virgencita que tenías al frente, en la cómoda ubicada a los pies de la cama y que te miraba toda la noche, giraba lentamente sobre la madera, se colocaba mirando la puerta y sin girar el cuerpo, colocaba la cabeza mirando hacia tu cama, como vigilando que no observaras lo que estaba a punto de suceder.
18.3.08
La conciencia del cuerpo
O despierto o dormido.Salido de las casillas o en estado catatónico.
Eso es porque el cerebro manda al cuerpo y le dice que haga lo que él quiere. Estímulos, se entiende.
Como ahora que mis manos presionan las teclas del computador para formar palabras que construirán un texto definido.
Pero el cuerpo a veces se desentiende de la conciencia y toma forma por sí solo y es ahí cuando el trabajo es más complejo, porque recibe la orden del cerebro y la transforma en una emoción, lo que a su vez toma forma en un movimiento determinado.
Puede ser objetivo o subjetivo, pero la mayoría de las veces depende del cuerpo en que se ejecuta y de la mente que comanda ese cuerpo y de la forma en que esa mente recibirá el estímulo que viene de afuera.
Sin hablar.
A veces el cuerpo trabaja mejor en silencio.
A veces.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
