8.2.08

Espacios

Las percepciones cambian cuando se evoluciona con gente distinta a uno. Personas iguales no generan cambios de perspectiva. Generan realidades. A veces es bueno soñar con gente diferente. Es bueno decir que puedes estar solo o rodeado de gente que te va a hacer bien.
Imposible decidirlo en un santiamén, pero en algún momento u otro se tendrá que decir algo. Aunque sea levantando el brazo en un mar de gente desconocida.

6.2.08

El ritual de la novia

Un calzón blanco guardado en el fondo del último cajón de la cómoda. Un calzón blanco de encaje, con blondas en satín, diminuto y engarzado en un pequeño pedazo de metal para mantener las formas del doblez. Lo desdobla, con sus manos frágiles por los nervios. Una por una saca las partes del calzón para ver la prenda completa. Como desanudando cordones de terciopelo, no, mejor cordones de piel de bebé. Con cuidado, mucho cuidado.
Y pronto, al ver el calzón completo ve la placa de metal que le recuerda ese día. El día de Julián. El día que Julián le dijo que si conservaba ese calzón podrían volverse a ver. Ella se lo quiso dar de recuerdo, pero él no aceptó.
Y ahora, que quería volvérselo a poner, divisa la pequeña marca en él. Un corazón bordado con hilo violeta. El corazón bordado con el mismo hilo con que ella suturó su dedo esa noche. Con dolor, mucho dolor y a la vez con alegría, porque la herida se terminaba para siempre. Empezaba la llaga en el dedo, pero sentía que se le iba por el alma, por la boca y los sentidos.
Lentamente sacó el hilo del calzón, con mucho cuidado, casi sin dejar marcas a pesar del tiempo y nuevamente enhebró la aguja, le hizo el nudo y comenzó a crear la costura de una pequeña herida en la planta del pie. Sería el recuerdo de la noche en que no podía dar marcha atrás.
Los calzones fueron quemados con el encendedor, y las cenizas absorbidas por el agua del w.c.
Nunca más.
Apenas pudo ponerse los zapatos para entrar a la iglesia. La marca de la sangre en ellos la hacía sentir reluciente.

Ya no Julián, ahora sí que nunca más.

Exiztncia

Miro tus ojos y me convenzo que el mundo avanza demasiado rápido para tu mente, o quizás demasiado despacio, en el que tu retina no alcanza a captar las imágenes que tu cerebro quiere. Tu cerebro es la única parte de tu cuerpo que te domina, que te hace agacharte y caminar en cuatro patas hacia donde él quiere que vayas. Sin una puta lágrima. Sin gemidos ni ladridos. Es tu cerebro el que te dice qué hacer, el que guía tu camino, el que desvía tu corazón de la realidad, pese a ser alguien extremadamente sensible.
No puedo dormir.
No quiero dormir.
Es insomnio inducido por mí.
Tal vez quiera dormir, pero me da susto abrirme a mis ojos cerrados. O quizás fue el taco con mayonesa que me comí hace poco.
No hace calor, es de noche. Es verano.
Necesito irme de vacaciones.
Necesito aislarme de todos los que conozco.
Algo así como vivir otra vida en otro lugar. Un silencio intermedio.
A la vuelta teatro, mucho teatro. Trabajo y la misma rutina de siempre, con el reloj de la oficina que no avanza.

1.2.08

Sangre, sudor y lágrimas

Nadie me dijo que el teatro era un juego, y pese a que nunca lo ví así, creo que es una vida de rigor, sacrificio y disciplina. Pero me encanta, y es un camino que disfruto a mil, que me ha enseñado a dar pasos en mi vida que en un comienzo me costaron, pero que siempre van a la par con la evolución, con el desafío, el amor al arte, al texto, al movimiento y la energía que se produce con los compañeros en el escenario.
Ensayar, memorizar, planificar y en definitiva vivir el teatro es una de las cosas más bellas que me ha pasado en la vida, porque es entrega y no dudo en entregarme a aquello que me apasiona, sean personas o situaciones.
A veces me pregunto cómo es posible que algo abstracto como lo que se vive en escena, pueda llenar tanto la vida de alguien, y así es, porque por hacer teatro soy capaz de olvidarme del resto del mundo y enfocarme en sólo lo que me tiene que interesar en ese minuto. Una prueba, los últimos días antes del estreno sólo pensaba en mi personaje la mayor parte de las horas y, antes de dormir, repetía el texto con la correspondiente planta de movimientos una y otra vez, hasta quedarme dormida al fin.
En definitiva, lo había asumido como parte de mi vida, y con el pasar de los días después del estreno, siento que así es, que podría dedicarme a full a esto, porque es amor por algo que se hace, que te llena, que te multiplica el cerebro por mil. Y te ayuda a relacionarte con las personas sin límites y a explorar los rincones escondidos de tu personalidad, para armar un personaje que cobra vida gracias a uno mismo.
Y la angustia del personaje que ya no está, las situaciones o circunstancias que ya no se volverán a vivir, las emociones que vinieron, se quedaron y se fueron para volver sólo en el momento en que se necesiten. El teatro es magia, pero también trabajo, mucho trabajo, sólo que yo estoy dispuesta a hacerlo, toda la vida si fuera necesario, con sacrificio, para sentir al final los aplausos del público con una sensación casi orgásmica, casi celestial, que transporta a otro planeta.
Mi vida es pasión certera, como sangre que corre por una muralla blanca en una línea delgada, para posarse sobre un cuerpo desnudo de espaldas. Y, esa sangre, llegará a ser parte de la mía, para hacerme más mujer, más persona, más humana, más artista, con más vida y pasión por lo que hago, lo que pienso y lo que proyecto en mi mente.