6.6.05

¡Qué rabia! (escapes postergados)

Ya no...estoy chata...cansada que me posterguen. No me gusta que me digan que no y aún así insisten en la negativa. Algo tendré que hacer...¿acaso no basta con mis encantos?, con saber quien soy, lo que tengo y lo que llevo (que eso sí que lo sabe de sobra)...a veces me carga cuando se transforma en un avestruz o cuando huye como los vampiros del sol. Y ahí aparezco yo, toda enrabiada porque lo que hago siento que no sirve. Lo peor es que no puedo hacer mucho aunque quisiera. Tendría que retroceder más de un año atrás y eso es imposible. Sé que no estoy en primer lugar en su vida...pero al menos que sea un digno tercer lugar que sé que me lo merezco.
De repente pienso que este cariño-amistad-locura compartida debería ser un juego entretenido...cuando deja de serlo me aburro. Cuando el caparazón se cierra no hallo qué hacer. ¿Porqué será que le gustan los silencios? A veces sería mejor que las cosas las dijera a viva voz. Que sintiera que no puede más, explotara y confesara lo que se le pasa por la cabeza cuando está conmigo o cuando yo, la Andrea, aparezco en su mente, en sus sueños o en lo que sea.
Parece tan fácil decir todo, pero nadie entiende como me siento. Nadie, ni siquiera mi conciencia que es tan despierta siempre.
Quizás los obstáculos saben más que nosotros mismos qué es lo que pasa y aunque quisiera, no soy quien para dominar a nadie...pero ha pasado tanto tiempo que lo único que quiero es tiempo para revivir ese cariño-amistad-locura que ha sido dejado de lado por circunstancias externas...espero.

3.6.05

De causas y azares

Como cada día que pasa hoy siento la necesidad de encontrarme con una sorpresa a la vuelta de la esquina. A veces, las horas pasan monótonas y mi vida ruge por un cambio. Quizás necesito nuevas aventuras, algo que me haga despertar y sentir. Tendré que abrir mis alas al mundo nuevamente.
Anoche soñé que pintaba unas obras fenomenales y quizás por ahí va mi camino. Creo que todos queremos evolución, el problema es que a veces el ritmo de la vida es bastante lento comparado con las expectativas soñadas por los humanos. Me gustaría que todo pasara demasiado rápido, para así alcanzarlas al vuelo y que todo siguiera su ritmo una vez que las metas se logran. No me gustan los silencios, tampoco necesito escapar del ruido.
Más bien quiero que el ruido me envuelva y me arrastre a su torbellino emocional de una vez por todas.
A veces he relacionado esta necesidad de esperar con la necesidad de huir, pero no soy tan cobarde. Quiero enfrentarme con situaciones que me permitan reaccionar. Un clic mental que me haga actuar. Sé lo que tengo que hacer, pero a veces no hallo a qué atenerme.
Me encantaría poder tener todo bajo control. Saber qué me depara el destino exactamente. Siento que de repente, deberíamos tener cada uno una propia Pitonisa que nos develara lo que está por suceder. Me da miedo el futuro aunque no pierdo las esperanzas. Sé que estoy dentro de un círculo, en lo que todo lo que te sucede de alguna forma se devuelve -en materia o espíritu- en algún momento de la vida. Son las situaciones. Ojalá todo fuera por azar. Con el tiempo me he dado cuenta que no es así.
¿Qúé habría pasado si hace unos años hubiera cambiado las cosas en el momento oportuno? Alguien dijo una vez que la vida es una casualidad y creo que con razón es así, con gente cada una por su lado, haciendo una propia vida, en vez de seguir un camino en común. Pero, eso es sólo un ejemplo de las muchas cosas que pueden pasar. Y ya me convencí que el príncipe azul no existe, pero sí la famosa Rueda de la Fortuna. Me considero hija de mi propio destino.
Aún creo que me falta hacerme la famosa retrospección. Volver al pasado y entender las vidas que antes tuve para poder descifrar algunas interrogantes que tengo ahora. Una que no logro entender: el miedo a la pérdida. El miedo a perderlo todo. El miedo a quedar sola. El miedo a que nadie te escuche. Miedos humanos, miedos que todos tienen. Terrores mentales que no tienen forma más allá de tu cerebro. Miedos que sólo se conocen a sí mismos. Miedos eternos. Miedos que no contamos a nadie. Miedos que te llevan a esconderte en un rincón y no querer saber de nada. Miedos que se superan y que para mí son tanto o más importantes que la fobia que le tengo a las baratas.
Una vez vi una pequeña barata en la cocina y me puse a llorar. Me la imaginaba caminando por mis piernas. Y estaba sola. No recuerdo si alguna vez me sucedió o sólo fue un sueño.
Reconozco que soy caprichosa y es porque de alguna forma siempre he tenido lo que he querido. No es obsesión. Hay gente que suele confundir esas palabras y creo que cuando el capricho cede es porque dejaste el orgullo de lado.
Todavía soy orgullosa y a veces soberbia, pero tengo cierta cuota de humildad conmigo. Eso sí, no soporto la gente egoísta, esas personas que nunca ceden; aunque hay gente a las que les perdono esos defectos y es porque los acepto tal cual son sin pedir nada a cambio. Insisto, no exijo nada sólo lealtad. A veces la fidelidad es mucho pedir como un cariño que aún (espero) tengo por ahí.

2.6.05

Mordizco

Desperté con la necesidad de ser mordida. Que me clavaran los dientes y me los sacaran. Sentir como uno a uno se salen de la piel, sentir que la sangre corre por tu epidermis y se transforma en pequeños ríos rojos. Quiero que alguien me muerda. Tal vez sería interesante que una serpiente lo hiciera, aunque tendría mucho miedo. El éxtasis y la adrenalina me obligarían a esperar. Estaría tras las sombras y cuando llegara, pondría mi brazo y la llamaría cual trampa deliciosa. Sería interesante. Le voy a decir a un XY que me muerda, pero de tal manera que cuando lo haga pueda sentir sus dientes en mí, o sea en la presa. Raro decirlo, es una cuestión de experimentar.

1.6.05

Sorbo de felicidad

Me siento más cerca de la libertad: al menos puedo caminar. Los días despejados también ayudan a sentir más calidez en mi cuerpo, a desear más movimiento y altura de miras para lograr mis objetivos en todo ámbito. Decidí que tengo que volver a pintar y retomar la escritura del libro. Lamentablemente todavía duele el pie. Duele bastante, más de lo que pensé, pero ha sido tanto el tiempo en estado sedentario que prefiero intentar caminar de todas maneras. Total, el sacrificio ya fue bastante. También quiero aprender a andar en snowboard aunque me muera de miedo los primeros días y pase en el suelo.
Me gusta la nieve aunque odie el frío. Bueno, es que es distinto cuando bajas por la pendiente y sientes el viento en la cara, como un hálito fresco que te ayuda a respirar. Es la misma sensación que mi cuerpo percibe después de la lluvia, sobre todo en la noche, cuando salen las estrellas y el hálito congelado cruza todo el lugar por donde camino.
Me gusta sentir. Creo que la libertad de las percepciones de la piel es lo que me hace vibrar. Como si fuera una sensación única, aunque se repitiera todos los días. Algo así como que la cabeza estuviera embadurnada de estrellas que giran a tu alrededor. Muchos pajaritos y brillos technicolor. Es rara la euforia de la felicidad. Quizás tiene que ver con el estar bien y sentirte bien contigo mismo.
Los invito a ver mis creaciones poéticas en otro blog http://poemasprofundos.blogspot.com